domingo, 31 de mayo de 2009

Debate mental

Siempre he tenido problemas en el simple hecho de pensar en cosas abstractas e intangibles. La religión es uno de los temas más controversiales entre mi Yo, Ello y Superyó. El debate que se desarrolla en mi mente se comienza a dar de la manera más íntima. Escucho el sonido del silencio, tan estremecedor como hermoso pudiera ser y entonces comienza el ruido.
Mi cabeza es un caos completo, comienzo a tejer ideas que no terminan de construirse y la discusión entre mis impulsos y necesidades, mis deseos y desequilibrios comienza a romper el orden de la habitación.
Las preguntas comienzan a carcomer mi sentido común, sentido que ha quedado trastornado entre creencias, mitos e ideales. Cierro los ojos y comienzo a poner en orden el desorden que yo misma provoqué.
Alguna vez me dijeron que la religión y que creer en algo era parte sustancial del ser humano, en ese momento no quise contestar, tal vez porque evitaba una disputa de ideales en medio de la noche, o porque mi propio ser daba gritos ahogados en los que estaba de acuerdo.
Antes de creer en una autoridad divina, que todo ve y que ha decidido mi existencia, prefiero pensar en mi. Pensar en mi persona como la que puede determinar el rumbo y dirección que tenga mi vida y sin embargo caigo en mi propia contradicción al decir que creo en el karma.
Sí, creo en el karma y antes de conocer a Buda. Creo en aquellas pequeñas cosas que te hacen reflexionar y hacer una “buena acción”. Tal vez esto no me haga creyente y mucho menos budista, pero el sentir y saber que dentro de mi existen estas concepciones me hacen pensar en que no todo es dogmático y no existe una sola y única verdad.
Si bien mi mente no terminará de ponerse de acuerdo y el debate continuará, y así mientras las preguntas existan existiré y sólo yo estaré ahí para determinar mis acciones, lo que creo y dejo de creer.
Creo en mí y sé que construyo mis ideas día con día y que no necesito nada más. Creo en mí y eso me basta para existir.

domingo, 17 de mayo de 2009

Para hacer un poema Dadaísta. Tristan Tzara

"Coja un periódico.
Coja unas tijeras.
Escoja en el periódico un artículo de la longitud que cuenta darle a su poema.
Recorte el artículo.
Recorte en seguida con cuidado cada una de las palabras que forman el artículoy métalas en una bolsa.
Agítela suavemente.
Ahora saque cada recorte uno tras otro.
Copie concienzudamente en el orden en que hayan salido de la bolsa.
El poema se parecerá a usted.
Y es usted un escritor infinitamente original y de una sensibilidad hechizante,aunque incomprendida del vulgo."


Dada manifiesto sobre el amor débil y el amor amargo, VIII, 1920. Traducción de Huberto Haltter.